Sobre la gratitud

  • Recurso Humano

  • Hace más de 1 semana

  • febrero 9, 2020

  • 2 minutos de lectura

Hace poco hablaba con alguien sobre las innumerables manifestaciones de la muerte en nuestra vida cotidiana. Muere un pensamiento con el emerger de otro, muere una emoción con la aparición de una nueva; mueren ideas que tenemos sobre el mundo y sobre nosotros mismos.

Por: Carolina Toro Franco, Fundadora ,  IT Hunters

La muerte hace parte inevitable de esta experiencia que, para la inmensa mayoría de nosotros, es dual. Me imagino, usando términos de programación, una experiencia llena de unos y ceros, de presencia y ausencia. Tal vez, sin la muerte no podríamos valorar la vida misma, no tendríamos cómo definirla, porque no conoceríamos su opuesto para tener el criterio de saber qué está vivo y qué no. 

Se expresa también en nuestra inhalación. Inhalamos aire para luego exhalar el resultado de un proceso interno que realizamos con el oxígeno y que lo convierte en CO2. Hace poco me quedé pensando qué quedaba después de inhalar y exhalar… Y para mi sorpresa, descubrí que quedaba vida. Es cierto que devolvemos el oxígeno que inhalamos, pero también lo es que, a pesar de exhalarlo, algo queda dentro de nosotros. Una inyección de combustión que nos mantiene vivos.

Pensaba lo mismo con las relaciones… ¿Qué es lo que queda cuando una relación se va? Hurgando por dentro descubrí que queda un tesoro invaluable: el aprendizaje que nos dejó esa relación. Esa enseñanza termina siendo análoga a aquella inyección de combustión que nos mantiene vivos y en movimiento. 

Pero para apropiarnos de algo lo primero que debemos hacer es reconocerlo. Y al hacerlo, casi de manera inmediata surge el agradecimiento. Al agradecer esa combustión se hace más fuerte, porque entra al campo de la consciencia; de lo reconocido. Fred Kofman, famoso consultor de liderazgo consciente en empresas tan reconocidas como Google y LinkedIn, habla de lo importante que es celebrar los triunfos, que la alegría nos invita a celebrar. Creo que la invitación que nos hace la ausencia de alguna relación es a agradecer. 

En mis sesiones de outplacement, una de las preguntas que le hago a las personas es: ¿Qué aprendizajes te ha dejado cada experiencia? Al recapitular la historia laboral junto a cada persona me maravillo con la fuerza que les da el recordar qué han aprendido de cada experiencia, de esas cosas que se han llevado consigo a pesar de no estar más en esa posición, o en esa empresa.

¿Qué aprendiste de tu último jefe? ¿Cuál fue la última relación laboral que “murió” y qué te dejó? 

Esta práctica de agradecer nos llena de fuerza, de sentido. Te invito a que las próximas veces que desaparezca una relación significativa para ti, te tomes el tiempo de sondear dentro de ti y encontrar qué te ha dejado, a pesar de no estar más, y lo mismo podrías hacer con situaciones y momentos, con reuniones, juntas, conversaciones, y con cualquier otra cosa que haya llegado a su final.

El siguiente paso es expresar esta gratitud en voz alta, con las personas que nos han permitido ese aprendizaje; honrar y expresar lo que nos dejaron en nuestra vida. 

Te he dejado tan solo algunas ideas para fortalecer esta práctica.

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