Pandemia

  • Recurso Humano

  • Hace 9 meses

  • agosto 9, 2020

Les he de confesar que tuvieron que pasar cuatro meses para intentar expresar con palabras lo que para mí ha significado esta pandemia. 

Por: Carolina Toro Franco, fundadora – IT Hunters

Al principio no entendía absolutamente nada. Mi visión era borrosa, como cuando los que usamos gafas nos ponemos unas con la fórmula equivocada y no enfocamos nada. Sabía que la fórmula que había usado a lo largo de mi vida ya no me serviría más, pero no tenía idea cuáles deberían ser mis nuevos lentes.

Fue así como empecé a oír recurrentemente palabras como “resiliencia”, “reinventarse”, “no se puede ser negativo”.  Algo me pasaba con esas palabras, no resonaba con ellas. ¿Cómo que hay que ser resilientes?  Si es que en este momento simplemente no es una opción dejarnos caer (salvo casos que he oído en donde ya el cuerpo no da más y las personas entran en cuadros clínicos de depresión). ¿Que hay que reinventarnos? Si la vida con o sin pandemia es un continuo adaptarse a situaciones diversas; la pandemia es solo una más. 

Sin duda, y como ya hemos visto, por esta pandemia la entrada plena en la era digital se ha acelerado significativamente. Pero por mi familiaridad con temas tecnológicos desde hace tantos años este no era un tema que me sorprendiera. De hecho, trae mucha paz saber que tal vez gracias a esta situación vamos a empezar a tener más calidad de vida (por ejemplo gracias a la reducción en los desplazamientos). Claro, falta todavía que migremos a un esquema en donde se aprenda a trabajar por objetivos y esto requerirá una dosis importante de confianza… Pero este es tema para otro artículo.

Pasaron así los días. En silencio y observando. Sin tener mucho qué decir, porque realmente aún no descubría la receta que necesitarían mis lentes para interpretar los hechos y responder a ellos adecuadamente. 

Vi a otras personas actuar una y otra vez motivadas por el miedo y la desesperación y, revisando, los resultados no fueron buenos. Se creó un ambiente en el que nos obligamos a responder rápidamente y a como diera lugar. Y ¡cuántas veces caemos en esto! Creo que a veces una cura inventada en un momento carente de calma y paz, termina siendo mucho peor que la misma enfermedad.

Les confieso también que no he conseguido una nueva fórmula para mis lentes. Después de reflexionar meses sobre este tema, la conclusión a la que he llegado en las últimas semanas es que el problema estuvo en creerme que encontraría una. Si algo me ha dejado esta pandemia es la blandura (con la vulnerabilidad que ello requiere) para entender que cada situación ha de ser vista a través de un lente único. Que entre más nos “casamos” con fórmulas, menos fácil resulta movernos de un lugar a otro (y este mundo en el que vivimos nos exigirá ser cada vez más dinámicos). 

Entonces ahora, más que encontrar teorías, necesitamos aprender a pararnos en ese lugar dentro nuestro que siempre sabe afinar el lente para ver la realidad tan nítida como se pueda. A este espacio sólo se accede en silencio, con la inagotable actitud del aprendiz y en calma. Es allí en donde se nos revelarán las acciones que debemos emprender personalmente y proponer a otros, y en donde encontraremos la apertura suficiente para construir en equipo. Ojalá que todos aprendamos de a poco a llegar a este valioso lugar de nosotros mismos.