La nueva normalidad, una mirada al mundo del 2021

  • Opinión

  • Hace 3 semanas

  • septiembre 12, 2020

  • 3 minutos de lectura

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La situación actual está teniendo repercusiones en varios aspectos, incluido el económico, lo cual generará cambios profundos en la vida de todos. Pero ¿qué sucederá cuando esto pase y las personas comiencen a regresar a sus oficinas, a los restaurantes y a lo que se consideraba normal?

Por: Simon Dudley, Head of Analyst Relations & Sales Enablement de Logitech

¿El mundo volverá a ser como era antes, o habrá una próxima normalidad? Si es así, ¿cómo podría ser?

Creo que las predicciones más seguras son las siguientes: el mundo no será el mismo y las empresas operarán de manera diferente, tanto antes como después de la vacuna. Millones de personas habrán adquirido cierta experiencia trabajando desde casa, y muchas de ellas habrán llegado a darse cuenta de los beneficios del trabajo remoto. 

Otros anhelan la conexión humana y, aunque es posible que no tengan que hacer presencia en la oficina todos los días, tendrán el deseo de hacerlo, al menos, unos días a la semana. Dicho esto, en última instancia, las empresas tendrían que rediseñar todo, desde sus políticas hasta su infraestructura. En consecuencia, la próxima normalidad se verá un poco diferente a la que estamos acostumbrados.

Una forma común de anticipar el futuro es mirar hacia el pasado. Como señaló James Burke, “No tenemos otro lugar para mirar”. Entonces, antes de considerar el futuro, quizás valga la pena mirar al pasado. Lo más relevante es lo corta que ha sido la historia del entorno de oficina tradicional. Desde la revolución industrial, el mundo empresarial ha tenido que adaptarse al avance, a las necesidades y a los escenarios que mayor provecho les represente. Por ejemplo, En la década de 1990, era posible, aunque no necesariamente fácil, que las organizaciones distribuyeran la oficina en múltiples ubicaciones. Debido a esto, las empresas trasladaron muchos centros de atención telefónica, organizaciones de soporte de TI y grupos de mecanografía al exterior. 

Y ese es el punto en el que hemos estado atrapados durante los últimos 20 años. La tecnología ha hecho que una nueva forma de trabajar sea cada vez más fácil, pero pocas empresas han dado el paso. Parece que la cultura empresarial era más resistente que los beneficios obvios.

Hace 20 años, se pensó en la posibilidad de acelerar la transición del trabajo hacia el hogar o el trabajo remoto. Pero esto no sucedió porque la tecnología no estaba lista. 

En 2001, la telefonía IP, las videoconferencias y los recursos como Google Docs, Office 365, Microsoft Teams, Salesforce.com y otros no existían, en el mejor de los casos, eran raros y costosos, y carecían de escalabilidad.

Es cierto que algunas empresas, principalmente de software, se lanzaron y se volvieron completamente virtuales. Estas organizaciones visionarias tenían una cultura de mirar hacia el futuro y buscar el mejor talento, obteniendo una ventaja competitiva mayor al momento de contratar personal, independientemente de su ubicación física. Entonces, tener programadores en Londres (Inglaterra), Beijing (China) o en Laos (Vietnam), era indiferente. Todo lo que necesitaban era una buena conexión a internet. 

Los ingenieros de software son fáciles de medir: o completan el proyecto o no lo hacen. Por el contrario, para la mayoría de las empresas, tener la capacidad de interactuar con otros y construir algo juntos es lo más importante. Por lo tanto, las organizaciones solo permitían trabajar desde casa a los empleados de altos cargos o aquellos que habían demostrado ser extremadamente dedicados. Muchas compañías simplemente no creían que sus colaboradores realmente hicieran algún trabajo mientras estaban en casa. Curiosamente, la evidencia en realidad apunta en la dirección opuesta.

Hoy, el   coronavirus (COVID-19) está obligando a las empresas a reevaluar su estrategia. Es una realidad desafortunada que aquellas compañías que no pueden adaptarse no puedan sobrevivir. También es preocupante que algo tan devastador como la pandemia actual tenga que ser el catalizador del cambio. Pero esa es la naturaleza humana, el cambio proviene de eventos traumáticos, más que del status quo.

Las oficinas fuera del hogar también cambiarían de forma; en lugar de diseños de planta abierta para muchas personas, se transformarían en espacios sociales y salas de reuniones más pequeñas. La oficina se convertiría en un lugar para discutir el trabajo, no para hacer el trabajo.

Mientras escribo esto, nada parece particularmente extraordinario sobre mis ideas. Parecen, al menos para mí, obvias y sensatas. Parece una pena que algo tan inesperado como la pandemia actual catalice este cambio. Pero, si la historia puede enseñarnos algo, es que el cambio se produce cuando no tenemos otra opción.