A nadie le queda tiempo libre para nada… Y es nuestra propia culpa

  • Recurso Humano

  • Hace 3 meses

  • enero 27, 2021

La sociedad actual ha dado un giro interesante. Nadie tiene tiempo para nada, y todos están increíblemente ocupados… Pero nuestra producción final no parece justificar la cantidad de tiempo que pasamos ocupados. Nos la pasamos haciendo cosas, pero no tenemos resultados que mostrar a final de cuentas.

Por: Lisa Reyes, Performia

¿Por qué pasa esto? ¿Por qué tantas personas parecen estar encerradas en este ciclo de mucho hacer y poco lograr?

Parte de esto es algo muy natural a nosotros… Aunque no por eso es algo necesariamente muy útil, especialmente hoy en día. Y otra parte es lo que la sociedad y el mercado moderno hace con nosotros.

Comencemos con la verdad del asunto: Para la mayoría de personas, el 50% (o incluso más) del tiempo que pasan “trabajando”, no están trabajando, están distraídos de alguna u otra manera. Y si al menos esto implicara que trabajamos una hora y luego nos distraemos la siguiente hora, al menos sería algo manejable. 

Pero la realidad es que usualmente no pasan 5 minutos sin que nos distraigamos por una notificación de Facebook o un mensaje de Whatsapp. Y cada vez que interrumpimos nuestro flujo de trabajo, perdemos el ritmo, y tenemos que encontrarlo de nuevo cuando volvemos a nuestras tareas. Así que el tiempo de trabajo efectivo termina reduciéndose al 20 o 30%… Lo cual es demasiado bajo.

En realidad, es natural distraerse. En un entorno natural, si estás tan concentrado en una tarea específica que nada te puede distraer, entonces no notarás al tigre que te está cazando hasta justo antes de que tenga los dientes en tu cuello. 

Estamos hechos para tener una atención dispersa, y para que los estímulos inesperados llamen nuestra atención, como una rama partiéndose bajo el peso de algo que se acerca… O una campanita avisándonos que alguien nos escribió.

Pues resulta que los diseñadores de toda nuestra tecnología actual se han dado cuenta de nuestra natural atención dispersa, y se han empeñado en aprovecharse de ella al máximo. El éxito es crear la aplicación que más logre llamar tu atención, que más sepa sorprenderte y ofrecerte satisfacción a corto plazo, el dispositivo que más tiempo uses, la red social que más publicaciones logre que veas, y que más anuncios te haga consumir. Todo nuestro mercado tecnológico actual se aprovecha de nuestro instinto de supervivencia.

 Y la peor parte, es que esto cambia nuestros cerebros. No sé si has oído de la “neuroplasticidad” alguna vez, pero es un concepto sencillo: Entre más días de tu vida pasas con tu celular al alcance de tu mano, y entre más veces detienes lo que estás haciendo para revisar quién comentó en tu última foto de Instagram, más te acostumbrarás a hacerlo, y más difícil será parar. Hay personas que tienen una resistencia natural a estas distracciones. 

Hay personas que tienen una fuerza de voluntad y un propósito muy poderosos, que los mantienen enfocados. Pero a la mayor parte de la población se nos tiene como a perros entrenados, con los oídos sensibles a los timbres de nuestros smartphones y nuestras mentes incapaces de trabajar diez minutos sin tener un podcast o una playlist sonando en el fondo.

 ¿La buena noticia?  El entrenamiento sirve en dirección contraria también. Y estoy segura de que no tengo que explicarte mucho: tómate un tiempo y aparta tu celular, o desactiva su wifi. Resiste la tentación de revisar tus notificaciones. No pases media hora en la cama mirando tu muro antes de levantarte. Y poco a poco recuperarás control de tu atención y de tu tiempo. Y hay muchos recursos y técnicas para hacerlo en internet. Muchos sufren de esto, y han descubierto como arreglarlo. Pero las palabras son fáciles… Las acciones son las que cuestan. Así que el resto depende de ti.